Saturday 23 july 2011
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19:49
FOTOS VÍA VERDE CON LUNA LLENA
Pues como suele ser habitual en nosotros, la precisión y la
exquisita planificación brilló por su ausencia. Teníamos previsto salir del bar "Casa Paco" en el Niño de Mula, alrededor de las 20:30 ó 21 horas, y sin embargo eran las 00:00 horas cuando
nos estábamos montando en las "burras" camino de Caravaca. Cierto es que se nos hizo tan tarde porque hubo que esperar al "Capitán Z" que llegara de un largo viaje, y además decidimos cenar, como
dirían algunos, "con mesa y mantel". Unos entremeses y una gran fuente de "marranería a la brasa" fue el aporte energético apropiado para darle a los pedales durante más de 4 horas.
Emprendimos el viaje y al cabo de un cuarto de hora ya pude comprobar que se me
había caído el cuentakilómetros de la bicicleta. Supongo que durante las labores de puesta a punto debí dejarlo mal encajado y en algún bache se cayó. Al ser por la noche, ni me di
cuenta.
A pesar de que la luna llena tenía un índice de luminosidad del
99%, circular por la noche con la bicicleta no es muy recomendable. Se va bastante rápido y no se ve lo suficiente como para ir con seguridad. Además, en nuestro caso, por la vía verde,
entre las umbrías de los pinos y la mayúscula oscuridad de los túneles, de no haber sido por el faro que le acababa de instalar a la bici, lo hubiéramos pasado bastante mal.
A pesar de ser por la noche e inmersos en una tranquilidad absoluta, apenas nos cruzamos con
animales sueltos, como conejos, zorros o algún mochuelo; de hecho, por las rutas que hago yo casi todos los días en los alrededores del pantano de Santomera, hay tantos animalillos que casi hay
que ir esquivándolos. En esta ruta, como ya digo, los "bichos" brillaron por su ausencia, aunque quizá guarde una sopresa para las últimas lineas de este artículo...
Pronto llegamos a Bullas y resultaba gracioso ver cómo la gente nos miraba con caras extrañas, así como si
circular en bicicleta de madrugada no fuese algo común y habitual; ¿o es que quizá no lo sea?, lo dejaré al criterio de cada uno...
Atravesamos este vitiminícola pueblo y nos encaminamos hacia Cehegín, tierra de buenas gentes y donde respiro
y observo con nostalgia la esencia de mis orígenes. Apenas vimos a nadie por las calles, tan sólo algunos jóvenes adolescentes en las puertas de algunas casas y edificios, en lo que probablemente
sería algún "rito de cortejo", previo a la despedida que casi todos hemos sufrido cuando a altas horas de la madrugada ella te dice "hasta mañana".
Y así continuamos, pedalada tras pedalada hasta llegar a Caravaca, Tierra Santa, allí donde se encuentra la
Basílica del Real Alcázar de la Vera Cruz, sobre la que se guarda, según historiadores y personas de fe, un trozo de la cruz donde fue crucificado Jesucristo.
Llegamos hasta el parque Ciudad del Jardín y allí hicimos un buen descanso. Este punto marcaría el
ecuador de nuesta ruta y el inicio del camino de vuelta. Desde este jardín, durante el día, pueden verse ardillas saltando de unos árboles a otros con total normalidad. Están acostumbradas a ver
gente y no se sienten amenazadas, lo que facilita el poder observarlas sin problemas.
Mientras descansábamos en el jardín pasó una patrulla de la policía municipal y los guardias no paraban de
mirarnos con cierta suspicacia; normal, supongo, de madrugada estaban acostumbrados a ver gente de juerga y algún que otro poseído por los malos espíritus "cogorzianos", pero ver a tres
individuos ataviados con chalecos reflectantes, y con toda la equipación ciclista, se salía de toda lógica para ellos. Por un momento pensamos que se acercarían a preguntarnos a qué jugábamos o
de qué planeta procedíamos, pero no, finalmente se fueron.
Y nada, nos montamos denuevo en nuestras desbocadas y potentes bicicletas y emprendimos el camino de vuelta.
Ahora tardaríamos menos en regresar pues una vez llegáramos hasta bullas, a partír de ahí, el camino hasta el Niño de Mula es con ligero descenso y en la bicicleta se puede ir bastante rápido.
Aunque todo apuntaba que el regreso lo haríamos sin sobresaltos, algo muy grande estaba a punto de suceder....
Íbamos camino de Bullas y habíendo dejado a nuestras espaldas Cehegín, era un tramo de la Vía Verde que
discurre entre huertos de almendros, grandes pinadas y viñedos de nuestra apreciada Monastrell. El silencio sólo se veía turbado por el sonido que producían las ruedas sobre la pista de tierra.
Apenas corría aire, y dado que el reloj ya apuntaba casi las cuatro de la madrugada, la luna se había desplazado bastante y ya no nos iluminaba con la misma intensidad. De repente oímos algo a
nuestra izquierda, en un huerto que había a casi 2 metros por debajo de la pista por la que circulábamos, nos quedamos mirando pero apenas podíamos distinguir de qué se trataba. Y de pronto, sin
darnos cuenta, desde el huerto saltaron 2 enormes ciervos que atravesaron la pista en estampida para llegar hasta una llanura que había a nuestra derecha. Estos 2 majestuosos animales acababan de
pasar, veloces, a 2 metros por delante de nosostros y sin que tuvieramos la menor capacidad de poder evitarlos; tan sólo la suerte o el azar evitó que nos viésemos arrollados por estos 2
mastodontes. Esto fue, sin duda, lo más emocionante de la ruta ciclista. Empezamos a comentar lo sucedido sumidos en un estado de agitación razonablemente justificado.
Una vez llegamos a Bullas, pusimos "la directa" y en un "periquete" llegamos hasta el Niño de
Mula. Y esto fue todo. La próximas rutas nocturnas, que las habrán, probablemente sean a pie y por supuesto con toda la cautela del mundo.